PSICOLOGÍA Y ACCIÓN COMUNITARIA

A lo largo de la historia de la humanidad han existido grandes avances en el conocimiento y la tecnología. A pesar de ello, el objeto de estudio y la metodología de la Psicología se siguen aplicando a sus diferentes áreas como la Psicología Comunitaria. Por lo tanto, dentro de esta última disciplina se habla de procesos de intervención objetiva, en los que el trabajo del psicólogo en las comunidades es cualquier otra cosa menos psicología. Además, los colectivos son vistos como anormales, enfermos o subdesarrollados. 

A pesar de que hay una gran variedad de enfoques, alternativas y modelos respecto de la definición de psicología comunitaria, esto más que ayudar ha complicado su estudio, pues la variedad de textos no mantiene conexión entre sí. Trabajo comunitario es: 1. Facilitar la mayor actualización del potencial personal, según sus recursos y posibilidades. 2. Facilitar la creación de medios justos del ejercicio y distribución del poder. 3. Desarrollar estrategias de intervención básicamente a nivel primario.

El shock cultural es el efecto que sufre el visitante no preparado, al verse inmerso en una cultura extraña. El shock cultural se produce siempre que un viajero se encuentra de pronto en un lugar donde «sí» quiere decir «no». La condición del shock o choque cultural produce una ruptura de la comunicación y distorsiona la interpretación de la realidad generando incapacidad para enfrentarse a ella. Por esta razón, quienes viven ese choque responden con asombro, frustración, desorientación y demanda de estructura u orden del nuevo contexto en el que se encuentran. Puede ser altamente agresivo y desorganizante para el individuo. conforme se van incorporando los psicólogos a comunidades, digamos, más primitivas, el choque cultural es más intenso.

Definir una comunidad es un proceso de descubrimiento y construcción, o más bien de co-descubrimiento y coconstrucción. En este co-descubrir y co-construir se incluyen los conceptos de dónde, cuándo, cómo y quiénes (en algunas condiciones podríamos pensar en un para qué). Definir una comunidad lleva a considerar distintos aspectos en diferentes niveles. Un primer nivel es desde lo inmediato, material y tangible (pero que puede ser aparente); un segundo nivel es considerar también los vínculos, representaciones o incorporaciones de lo que el individuo dice que es «su» comunidad; lleva a considerar distintas personas que tienen elementos compartidos, pero representaciones diferentes que se manifiestan en distintas formas de pensamiento, sentimiento y pautas de conducta.

La principal tarea del psicólogo sería la de intervenir a nivel del sistema social para modificar la conducta humana, algunas características del psicólogo comunitario. 

El desarrollo de las estrategias metodológicas para la investigación en psicología comunitaria se encuentra vinculado al avance de otras áreas del conocimiento en las nuevas matemáticas. Ellas también nos darán recursos para poder trabajar con un margen de seguridad y saber que no estaremos improvisando sin sentido, pues el psicólogo comunitario debe saber leer diferentes escenarios futuros, proyectándose en el tiempo, y no restringirse solamente al presente. 

El reto de la Universidad es construir vínculos más sólidos con la sociedad, para convertirse en un espacio de legitimación de la intervención comunitaria; para recrear los ámbitos, las capacidades y las actitudes que configuren sujetos solidarios en la acción de salud, política, economía, ecología y cultura; buscando con ello quebrar el modelo dominante, empeñado en bloquear la vida, la justicia social, la convivencia y todas las formas de participación democrática.

La protección y resguardo del derecho de la mujer a acceder, permanecer y desarrollarse laboralmente, en igualdad de condiciones que el hombre, resulta de vital importancia para el desarrollo social de Chile y de cualquier país que desee evolucionar; pero también lo es el derecho de los hijos a ser educados por ambos padres, estén estos separados o no, y por los abuelos maternos y paternos, así como el derecho de los adultos mayores a ser atendidos por sus familias.

De la misma manera, se encuentra en juego el derecho de los individuos integrantes de la familia (cualquiera sea su tipo) a tener tiempo para el esparcimiento y el relax, sin que el trabajo asalariado los esclavice, aislándolos del seno comunicacional y afectivo de su hogar, ya que en incontables ocasiones la estabilidad económica tan anhelada (con sus larguísimas jornadas laborales) termina por socavar la estabilidad afectiva de la familia por no encontrar espacios para el descanso y el «compartir» colectivo. Ello culmina un proceso de «vivir» durante años sin involucrarse ni conocer con quién están, o dicho de otro modo, vivir sin estar. 

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